“La verdadera educación consiste en obtener lo mejor de uno mismo.

¿Qué otro libro se puede estudiar mejor que el de la humanidad?

Mahatma Gandhi

10 de noviembre de 2013

LA DIFÍCIL TAREA DE EDUCAR


HORARIO 4º CURSO 2013-14



La difícil tarea de educar


Hoy vivimos en la sociedad del bienestar, una sociedad que se mueve, en general,
en el discurso del progreso, del desarrollo y del consumo.
Hemos pasado de un mundo en el que la infancia apenas tenía hueco a un mundo
en el que, en general, la infancia se ha convertido en el «centro del mundo». Antes,
al niño casi no se le escuchaba y se le mandaba callar, sin embargo ahora es el niño
el que, en algunos casos, manda callar a todos y se convierte en el centro de la
familia.

Está claro que la educación ha cambiado, como también la propia familia.
Actualmente es más reducida, a veces monoparental, y pocas veces con más
de dos hijos. De familias en las que, al menos, uno de sus miembros estaba en casa
hemos pasado a unas casas que, en muchos casos, están vacías hasta la tarde
o con la presencia de cuidadoras. Está claro que ha habido cambios.

Podríamos señalar dos claras inquietudes en la educación de nuestros hijos:

Atención y protección excesivas

Queremos proteger a nuestros hijos de todo lo que sea peligroso para ellos, pero
cada vez consideramos peligrosas más cosas. Queremos que no sufran, que no se
frustren, que no fracasen, que no se aburran… En ocasiones, los educamos como
hijos únicos.

Quizá deberíamos pensar que no pasa nada porque nuestros hijos se frustren
o se sientan fracasados en algún momento. Esto es necesario para vivir y
crecer. Crecer implica abandonar seguridades y esto da miedo y puede
provocar angustia o dolor, pero es imprescindible. Nuestros hijos pasarán
necesariamente por malos momentos y, por eso, a veces tendrán épocas de
pesadillas, enuresis nocturna o cualquier síntoma que refleje «dolor».

No hay que pensar que estas situaciones los van a traumatizar para siempre;
sencillamente van a crecer y madurar. Siempre que ello sea consecuencia
de un proceso normal en su evolución, no debería inquietarnos más de la
cuenta. Pero si estas manifestaciones son debidas a alguna otra causa,
será necesario consultar con un especialista para recibir la información
necesaria.

Siempre es preferible que los niños hagan por sí mismos todo
aquello que esté en sus manos. Y allí donde no puedan llegar
solos, entonces estaremos nosotros para ayudarlos, pero no
antes. Debemos confiar en ellos, creer que son capaces y pedirles
esfuerzos. Si estamos atentos a todo y respondemos siempre a sus
demandas, antes incluso de formularlas, estamos matando el deseo,
estamos creando personas que desean poco. El mejor regalo
que podemos dar a nuestros hijos es procurarles afecto,
atención y dedicación, transmitiéndoles el deseo de vivir
con intensidad, de luchar por lo que quieren y disfrutar
de ello. Y esta tarea, que perdura en el tiempo, ha de
comenzarse desde que son pequeños.

Demasiado tiempo solos

La sociedad de hoy exige unas jornadas laborales muy largas que dificultan mucho
a los padres pasar tiempo con sus hijos. Hay que descartar la idea de que volver
tarde a casa porque se trabaja fuera significa que los hijos están mal atendidos. A
muchos padres su trabajo les exige volver a casa tarde y mantienen un cuidado y
atención de sus hijos estupendo, y lo hacen teniendo claros sus principios y valores
y aprovechando el tiempo que comparten con ellos. Saben que no es tan
importante el tiempo que se pasa con los niños como la calidad de estos
momentos. Aunque, desde luego, hace falta pasar tiempo con ellos porque si no, la
tarea de educar resulta muy difícil.

Hoy vivimos a toda prisa, en muchas ocasiones volvemos a casa tarde, estamos
cansados y lo que menos nos apetece es regañarlos porque se han portado mal,
insistir en que coman verdura o en que tengan buenos modales.

Poco a poco se va dejando pasar y se va delegando esta función. La familia se plantea
que es el colegio, o la cuidadora que se hace cargo de ellos por la tarde, quien tiene
que asumir esa labor y piden cuentas a la escuela y a la sociedad, quizá llegando a
dimitir un poco como padres y madres.

Es evidente que se comete un error. Los máximos responsables de la educación
de los hijos son sus padres. El colegio, la cuidadora o los abuelos son una ayuda,
una ayuda importantísima, pero solo una ayuda.

Actualmente, es difícil encontrar tiempo para el diálogo, la escucha o el encuentro
personal y, en ocasiones, cubrimos su ausencia acumulando cosas. Esto se refleja
también en la educación que damos a los hijos porque creemos que, cuanto más
les demos, más felices serán. Así, escuchamos con frecuencia: «¿Qué más quieren
si tienen de todo, lo que yo nunca tuve a su edad?». Creemos que tener todo
lo material es lo mejor para ser feliz, pero ¿todo eso que les damos es lo que
realmente quieren y necesitan?

A veces intentamos compensar la atención «psicológica», profunda, de verdadera
calidad, con todo lo que les compramos o gastamos en ellos. Sin embargo, nada
es mejor que nuestra cercanía y cariño.





L@s pequeñ@s escritores y escritoras de cuarto

HOLA:

L@s pequeñ@s escritores y escritoras de cuarto este curso os vamos a regalar nuestras pequeñas creaciones. Hemos empezado con unos cuentos.

Esperamos que os gusten.

8 de noviembre de 2013

Así era la clase de Happy hace un año. ¡Cómo pasa el tiempo! Ahora somos muchos más.

Hola:

Bienvenid@s a la clase de Happy.